|
|
![]() |
|
||||||||||
|
|
![]() |
|
|
|
El Coricancha
Pachacutec puso todo su empeño en la reconstrucción del santuario de Inti Cancha o Recinto del Sol que hasta entonces era bastante pobre. No sólo se labraron las paredes con piedras primorosamente talladas, sino que los adornos fueron un derroche de oro. Los primeros españoles, que vieron el santuario en todo su esplendor, cuentan que existía un jardín con plantas, flores, aves e insectos de metal precioso. Los aposentos principales del santuario estaban dedicado, uno al Sol, otros a la Luna, Trueno y Arco Iris; todos comunicaban con el jardín de oro. Distintos relatos dicen que el Sol estaba representado en una pared con una plancha ovoide de oro, mientras que Garcilaso menciona una cara. Es posible que a través del tiempo existieran cambios en las tendencias religiosas. Las momias de los antiguos soberanos se conservaban en el templo y eran llevadas a la plaza para las grandes ceremonias. En la pieza de la Luna se conservaban los restos de las coyas o reinas apostadas a los costados de la callanca. Sólo la madre de Huayna Cápac, Mama Ocllo, miraba de frente al astro nocturno. Cambios religiosos La mayoría de los cronistas menciona cambios religiosos sucedidos después de la guerra contra los chancas. Según parece los sacerdotes principales apoyaron la huida del Inca Viracocha y estaban dispuestos a someterse a sus enemigos. Después del triunfo de Cusi Yupanqui, el futuro Pachacutec, la situación se tornó incomoda para los sacerdotes. Además, el joven príncipe necesitaba de un padre que lo nombrara como el nuevo soberano. Ante la negativa de Viracocha de pisar los despojos de los prisioneros, Cusi Yupanqui se dirigió al templo de Inti Cancha y pidió el beneplácito directamente al Sol. Desde entonces, los soberanos se consideraron Hijos del Sol. Así se produjo un cambio religioso pues anteriormente prevalecía el culto a Viracocha que sólo tenía un templo en el Estado Inca, mientras se acentuaba la influencia solar. Naturalmente que estos hechos no afectaron la veneración a múltiples huacas e ídolos existentes. Más aún, Pachacutec quiso que las principales huacas permanecieran en el Cusco y les otorgó servidores, tierras y bienes. Se trataba de una manera de controlar posibles rebeliones pues los naturales no se alzaban por temor a las represalias que podían ejercer sobre los ídolos. |