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Los caminos inca
La obra que permitió la expansión territorial inca y luego la organización socio-económica fue a no dudarlo la vasta red caminera que comprendía puentes, tambos y depósitos. Pocas naciones podían vanagloriarse en el siglo XVI de poseer tan fantástico complejo vial como el del Tahuantinsuyo. Los caminos no fueron un invento inca, debieron existir mucho tiempo antes para unir a los diversos grupos étnicos, realizar peregrinaciones a los principales santuarios o huacas y atender al intercambio entre los señoríos. Seguramente la hegemonía wari disponía de caminos a todos los términos donde llegaron sus dominios y fueron indispensables para mantener su organización política. Igualmente, los chimú cuyos dominios abarcaban una amplia zona de la costa norte, emplearon rutas reconocidas actualmente por los arqueólogos. Sin embargo, el tráfico no era lícito para todos en todo momento. En la relación de Chincha se menciona el frecuente estado de guerra existente entre los señoríos, situación que impedía una libre circulación sin la autorización de los curacas. Las rutas quedaban expeditas cuando se establecía treguas que seguramente coincidían con las fiestas religiosas a las huacas más importantes. Con el surgimiento del Tahuantinsuyo se incrementó el número de caminos hasta alcanzar una extraordinaria magnitud. Según las estimaciones de Hyslop, el sistema vial comprendía de 30 a 50 mil Km en su totalidad. El mérito incaico consistió en la planificación de la fuerza de trabajo que le permitió ejecutar una red vial que sería la base de una infraestructura estatal. Sin embargo, la ironía del destino hizo que los caminos inca facilitaran a las huestes de Pizarro la conquista del estado andino. El gobierno incaico necesitaba de las rutas para trasladar sus ejércitos, para enviar a los mitimaes a distantes lugares, allí donde se les necesitaba, y también para enviar a los administradores, jueces y visitadores a los más distantes pueblos. Por lo tanto, la red vial obedecía a los fines exclusivos del gobierno central y no de las etnias particulares. Aquel es el punto básico que distingue el sistema andino de las vías de comunicación modernas. Existieron dos vías troncales, la una se extendía a lo largo de la sierra de sur a norte y la segunda unía entre sí a los valles costeños. Entre ambas regiones, otros caminos conectaban las vías principales. No se dio un solo patrón para las rutas inca. Ellas se adaptaban a la geografía de la zona. En los valles costeños unos tapiales bordeaban los caminos y acequias cantarinas ofrecían agua a los caminantes; además, frondosos árboles daban su sombra. En los desiertos, piedras o troncos marcaban la ruta para evitar que los viajeros se extraviasen. En la sierra, algunos caminos estaban empedrados, cercados por piedras, mientras escaleras trepaban las agrestes quebradas. Sobre los precipicios, unos parapetos resguardaban a los caminantes y a las recuas de camélidos para que no cayeran por los abismos. |