Un país tiene que poseer en las bóvedas de sus bancos un respaldo en oro de su moneda, pero en el Incario no se usaba dinero y el oro sólo tenía valor estético y servía para adornar sus templos, señores y dioses.

Se impone la pregunta ¿cuál fue entonces el patrimonio que le permitía hacer frente a sus necesidades, dominar y controlar los aspectos económicos y políticos?

Tres fueron para nosotros las fuentes de ingreso del Incario disponer de fuerza de trabajo y poseer tierras y ganadería estatales. El resultado de estas tres tenencias se manifestaba en bienes acumulados en depósitos. Estos bienes en poder del Estado eran la riqueza más preciada pues significaba que se disponía de una serie de ventajas siendo la principal el control de la reciprocidad, clave de todo el sistema andino, que permitió mantener el engranaje del régimen. De no poseer grandes cantidades de bienes acumulados no podía el Estado hacer frente a las exigencias administrativas ni a las constantes "donaciones" que la reciprocidad exigía.

Todas las crónicas señalan el asombro español ante la inmensa cantidad de depósitos atestados de bienes y dispuestos en todo el territorio.

La fuerza de trabajo

El enorme interés del Incario en tener acceso a la fuerza de trabajo se manifestaba en sus cómputos poblacionales conservados en los quipus y a la división de sus habitantes en un sistema decimal incipiente de diez, cien y mil. Es increíble la manera en que el Estado, a pesar de no poseer escritura, podía disfrutar de estadísticas y de contadores en las personas de los quipucamayos.

Murra postuló que llamado "tributo" según la concepción española, no existió en el Incario. El hombre del común disponía de una parcela de tierra y toda su utilidad le pertenecía sin que tuviera que dar nada de ella. En el ámbito andino el equivalente al tributo fue la fuerza de trabajo o mano de obra que proporcionaba un hombre en la mita o turno ya sea para su ayllu, el curaca local, el señor de la macroetnía, las huacas y el Estado. Se trataba del concepto indígena de la minka, sistema de trabajo en cumplimiento de una obligación por sustitución con base en un acuerdo.

Tierras del Estado

La posesión de la tierra era uno de los bienes más estimados en el ámbito andino. Los cronistas señalan que dicha posesión se dividía en tierras del Inca, del Sol y del hatun runa o gente del común. En realidad, se trataba de una situación más compleja.

La segunda fuente de poder y de ingreso en el Incario fueron las tierras del Estado, llamadas también del Inca. Dichas tierras, dispersas por todo el Tahuantinsuyo, eran cultivadas por gente local según sus turnos o mita. Su dimensión variaba según el tamaño de los ayllus y su población. Con el desarrollo del Incario aumentaron sus necesidades y una mayor demanda de producción agrícola y por lo tanto, de mayores tierras.