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El modelo económico costeño la especialización laboral
Hemos visto que la organización económica serrana guardaba una necesaria relación con el medio ambiente propio de las quebradas andinas y de la meseta del altiplano. Es natural que la diferente geografía de la costa proporcionase un modelo económico diferente. La zona yunga a pesar de sus dilatados desiertos, era una región rica en recursos naturales. Su mayor fuente de bienestar provenía del mar, un mar que era extraordinariamente abundante en su fauna ictiológica. A diferencia de otros lugares del mundo, en los inicios de la civilización del antiguo Perú no hubo necesidad de la agricultura para la formación de poblaciones numerosas, ni para la creación de centros ceremoniales destacados (Mosley). Esta situación de desarrollo gracias a la explotación de los recursos del mar marcaron el posterior desenvolvimiento costeño. Así, desde tiempos tempranos se establecieron en la costa dos actividades diferentes, la pesca y la agricultura. Se formaron grupos separados con jefes propios y se inició entre ellos un intercambio de productos. Sin embargo, los pescadores limitados a sus playas, caletas y lagunas costeras, permanecieron subordinados a los señores de las macroetnías de los agricultores yungas. La primera noticia sobre la extensión del modelo costeño de especificación laboral que siguió la división entre pescadores y agricultores, la tuvimos a través del documento de Chincha nombrado más arriba en el cual se señala que la población de treinta mil varones se dividía en diez mil pescadores, doce mil campesinos y seis mil mercaderes. La evolución de la sociedad yunga siguió el mismo modelo y dio lugar a una diversificación de oficios. Tenemos así a los tintoreros, salineros, carpinteros, y cocineros, entre otros, siendo los más prestigiosos los plateros. Los incas aprovecharon de los artesanos de los valles costeños para enviarlos al Cusco a trabajar para el Estado. Un ejemplo de las costumbres yungas era la de los chicheros o fabricantes de bebidas, especialidad reservada a los hombres en la costa norte. En la sierra, las mujeres preparaban en sus hogares la bebida para la familia. Para las necesidades del Estado, las mamaconas eran las encargadas de su producción para el culto y las ceremonias del Inca. En cambio, en la costa se trataba de un oficio masculino a dedicación exclusiva. Existía la prohibición costeña de ocuparse de otro oficio que no fuese el propio, de ahí surgió la necesidad de un constante truque a dos niveles, uno interno en el señorío y otro hacia el exterior del curacazgo que estaba entonces en manos de personas dedicadas sólo al oficio de trocar como los chinchanos o los señores norteños. El intercambio se basaba en equivalencias establecidas y no predominaba la idea mercantilista del lucro. El oro tenía sólo valor estético y por su belleza lo ofrecían a sus dioses, señores y sacerdotes. |