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En el ámbito andino existía una gran afición por los oráculos y se predecía el futuro de muy distintas maneras. Ningún acto importante se efectuaba sin antes consultar con la callpa. Se trataba de extraer el palpitante corazón de un camélido y de leer en él los augurios.
Los informantes de Ávila narran de un augurio sobre el fin de la adoración del dios Pariacaca, un imponente nevado de la zona de Huarochirí. Para honrar dicha huaca se estableció un grupo de sacerdotes de Hanan yauyos dedicados a su culto y un día estando reunidos auscultando las vísceras de una llama sacrificada, uno de ellos exclamó "¡Qué desgracia! Los augurios son nefastos. Hermanos, nuestro padre Pariacaca será abandonado!" Furiosos, los demás lo insultaron, pero a los pocos días se supo de los sucesos de Cajamarca y los sacerdote se dispersaron y retornaron a sus ayllus. Entre los sacerdotes los había que hablaban con las huacas y los que lo hacían con los difuntos. También estaban los que predecían el futuro con granos de maíz, hojas de coca o con arañas negras y peludas encerradas en huesos humanos vacíos para saber el porvenir abrían los tubos de huesos y la forma en que caían los arácnidos y si se quebraban las patas o no, les permitía pronosticar el futuro. Los mercaderes En los Andes existió en la costa una clase social que se dedicaba al trueque y al intercambio. Estos fueron llamados por los españoles "mercaderes a modo de indios" porque no usaron dinero, aunque los había de diversa índole. En el señorío de Chincha, estos "mercaderes a modo de indios " formaban una clase aparte compuesta por seis mil personas. Ellos mantenían un intercambio en dos sentidos, una ruta norteña con balsas hasta Puerto Viejo y Mantas en el actual Ecuador, y una vía terrestre con hatos de camélidos hacia el Altiplano y el Cusco. Estos tratantes llevaban cobre para el intercambio marítimo con el norte y a su retorno traían mullu, unas conchas rojas (Spondylus) de las tibias aguas de los mares septentrionales. La importancia del Spondylus consistía en ser la ofrenda favorita de las huacas y dioses y se usaban para los ritos propiciatorios de lluvias. Los arqueólogos han hallado Spondylus desde la época Chavin de Huantar, es decir en tiempos muy anteriores al Intermedio tardío sobre el cual tratamos aquí. Pero no sólo en Chincha prosperaban los "mercaderes". En el norte los había de dos categorías sociales. Existía por una parte, un trueque de pescado seco y salado realizado por grupos de pescadores especializados en dichos trabajos. Ellos trocaban en su propio valle y el excedente lo llevaban a la sierra contigua. El segundo nivel de "mercaderes" correspondía a "señores" que no poseían tierras ni agua - así lo afirmaban- y se ocupaban de mantener un trueque que consistía en ropa de lana, chaquira, algodón, frijoles, pescado y otras cosas. Los jefes más modestos trocaban con sal. Las clases populares Los artesanos En la costa, los artesanos tenían una situación especial pues trabajaban sólo en su oficio. En la sierra, por el contrario, no dejaban de atender a la agricultura. La característica yunga o sea costeña era la especialización laboral. Con el transcurso del tiempo, el gobierno tuvo necesidad de acceder a un mayor número de objetos suntuarios, lo cual requería de una dedicación exclusiva de los artífices. Por ese motivo se procedía a enviar al Cusco y a los principales centros administrativos a grupos de ayllus de artesanos con el objeto de satisfacer las demandas estatales. Los más solicitados fueron los plateros u orfebres costeños y hallamos en el Cusco a ayllus oriundos de Ica, Chincha, Pachacamac, Chimú y Huancavelica del Ecuador. Otros artesanos requeridos fueron los ceramistas y pintores de mantos costeños. En 1566 los encontramos en el norte del país solicitando autorización para ir de pueblo en pueblo cumpliendo sus oficios. |